Tres Cantos, Madrid, cinco y media de la tarde, en la oficina quedamos dos gatos, a través de la ventana que tengo enfrente el día se muestra amable invitándome a salir de aquí, ya sólo falta media hora, los árboles permanecen inertes, ni una hoja ni una sola rama se atreve a romper ese momento de paz. A unos metros la carretera no piensa lo pienso y se mueve al ritmo de una ciudad que nunca descansa, o tal vez sí...
Ahora pienso que si no fuera por internet, mi blog y el msn sería una verdadera máquina jugando al solitario...
Los minutos lo bueno que tienen es que pasan y ya se me han pasado unos cuantos escribiendo una de estas tonterías de la tarde, a esa hora en que lo mejor sería estar viendo Bea en casa, ahora ruta y vuelta a lo mejor del día, los besos y las risas jamás están de más...