Después de ya casi dos meses, empiezo a asumir la realidad de todo, ya no me despierto tan temprano ni me cuesta tanto dormirme, las lágrimas se me siguen saltando solas, eso aún no he podido controlarlo, y las ganas de tumbarme en la cama, cerrar los ojos, y dejar pasar el tiempo siguen yendo y viniendo, supongo que a veces sólo sirve para que empeore y siga compadeciéndome de lo mal que estoy, otras veces sirve de algo, ayer parece que sirvió para algo, y después de haber descubierto varios mails a modo de carta que ella me escribió hace ya mucho tiempo y de ver algunas fotos (una es masoquista por naturaleza) incluso de justo una semana antes de que ella me dejara, en la que parecíamos/éramos/yo era tan feliz, me faltaron las fuerzas y me tuve que esconder bajo el edredón una vez más a dejar pasar las horas, a llorar la pena. Es curioso que este tiempo haya pasado tan lento y tan rápido a la vez, por un lado es como si todo siguiera como cuando me lo dijo, sigo sintiéndome prácticamente igual de mal, y al mismo tiempo miro el calendario y los días se han ido agolpando uno tras otro con un millón de sucesos, unos más y otros menos significativos.
Lo que decía...ayer entre llanto y llanto me dio tiempo a pensar, y a preguntarme: ¿por qué estoy así? ¿por qué no lo asumo? si alguien te deja y no te quiere no hay que ser egoísta, hay que seguir, ¿acaso tan poco creo que valgo? ¿acaso voy a romper el pacto de no mantener contacto alguno en este tiempo? ¿de verdad vale la pena tanto dolor? No tengo respuesta para todo, tal vez no tenga respuesta para nada, quizás no vale la pena buscar los porqués ni los para qués, tal vez sea suficiente con buscar la fuerza para salir de esta sin preguntarse qué pasará a partir de ahora. Y simplemente, me ha servido asumir que de momento no volveré a ser feliz, asumirlo con toda la crudeza que eso significa, con el corazón en la mano y el alma en los pies, la dignidad a media hasta y la sonrisa desdibujada. Quizás todo este tiempo desde que la conocí fue el mejor sueño que he tenido jamás, quizás no se vuelva a repetir y tenga una vulgar vida para siempre, o quizás algún día vuelva a sentir algo así, supongo que eso ahora mismo no está en mi mano. Lo que sí está en mi mano es asumir que ya nada será como antes, que ella ya no me podrá hacer feliz, y que, una vez más, la vida me demuestra que la felicidad es efímera, puede durar 4 años y de repente desaparecer para siempre.
Eso sí, todo lo que tuve lo recordaré, porque ha sido lo mejor de mi vida, y nadie me lo va a quitar, nunca.



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